Nuestra historia
Los inicios
Desde nuestra niñez encontramos diversión y entretenimiento en las actividades deportivas. Mauricio fue muy inquieto y practicó varios deportes como Karate, foot ball americano, carreras atléticas, escalada en roca y montañismo, siendo estos dos últimos deportes lo que definirían su vida.
Mi pasión eran las carreras atléticas. En la primaria descubrí la facilidad que tenía para correr, por ello destaqué y representé a la primaria, secundaría, preparatoria y universidad en donde estudié. El hábito de hacer ejercicio me llevó a ganar varias carreras de resistencia algunas organizadas en empresas donde prestaba mis servicios como Nutrióloga.
Por su parte Mauricio, se hizo entrenador del equipo de montañismo de la UNAM, al mismo tiempo estudiaba la carrera de Ingeniería con especialidad en Geología, carrera que eligió por su relación con las montañas y la naturaleza.
El encuentro
La vida de cada uno marchaba con gran similitud, ambos estudiábamos, trabajábamos y hacíamos deporte como parte de nuestro estilo de vida. Un día por la mañana, mientras trotaba en los viveros de coyoacán, por rimera vez cruzamos nuestras miradas, pero pasaron dos años para cruzar palabras. A la semana de conocernos, Mauricio me invitó al Popocatepetl y ahí formalizamos nuestra relación.
La vida en pareja
Nueve meses después de conocernos nos casamos un primero de agosto de 1992. Nuestro viaje de “luna de miel” fue diferente porque Mauricio me llevó a conocer algunas de las paredes de roca que había escalado, el Parque Nacional de Yosemite en California E.E.U.U. En este lugar está el “monolito” de roca más grande del mundo llamado “el Capitan” el cual Mauricio lo había escalado en 1979 convirtiéndose junto con sus dos amigos en ser los primeros mexicanos y latinoamericanos en escalar una pared de roca de 1000 metros de altura, reconocido por la UNAM, apenas a sus 20 años de edad.
Esto fue mi primer encuentro con paredes de roca. Al paso del tiempo, descubrimos que nos gustaba viajar. Por ello, Mauricio me siguió invitando a lugares con montañas impresionantes. Visitamos el Mont Blanc en Francia, el Matterhorn en Suiza, los Grandes Tetons y las Rocky Mountains en E.E.U.U, las Rocallosas en Canadá de esta manera poco a poco fuimos compartiendo momentos y lugares increíbles que nos hacían soñar.
El tiempo transcurrió mientras cada quién realizaba sus actividades laborales, además del trabajo, el deporte seguía siendo parte de nuestras vidas. Nos preparábamos para participar en carreras desde 10 Km hasta maratón, incluso nos inscribimos al Maratón de Nueva York, al cual no asistimos por cuestiones de trabajo. Una mañana de domingo Mauricio se levantó con la firme idea de volver a escalar montañas, con lo que yo no estaba muy de acuerdo, porque estaba muy adaptada a mi vida cotidiana y esto implicaba hacer cambios, me gustaba ver montañas pero no involucrarme con ellas. Al principio cuando acompañaba a Mauricio a la montaña me aburría argumentando que era un deporte de mucha paciencia que no concordaba con mi hiperactividad.
En algunas ocasiones le escondí las botas de montaña para evitar todo recuerdo con montañas y funcionó. Sin embargo, Mauricio regresaba a las montañas y me pedía que lo acompañará. Fue así como intentamos ascender el Pico de Orizaba quedándonos a escasos metros de la cumbre, situación que me incomodó mucho porque estaba acostumbrada a “ganar como en las carreras”. Por ello, Mauricio me invitó al Iztaccihuatl y en esta ocasión llegamos hasta su cima.
Conquistando cumbres
Lograr llegar a la cumbre fue la máxima emoción que había experimentado hasta entonces en mi vida porque en ese momento descubrí que no se conquista la cimas, sino a uno mismo. Aprendí a tener una mejor actitud y saber que todo es posible al que cree.
Planeando juntos
Los viernes por la noche es nuestra costumbre “invitamos un café”. En cierta ocasión Mauricio aprovecho para enseñarme revistas y libros con la montaña más alta de América: el Aconcagua, ubicada en Argentina; emocionado dijo que le gustaría ascenderla y me hizo la invitación de ir con él hasta el campamento base, yo acepté. Durante su preparación, lo acompañé ascendiendo al Pico de Orizaba y al Iztaccihuatl logrando hacer cumbres.
Cada salida comprobábamos que practicar este deporte enriquecía nuestras vidas de manera individual y como pareja. Esta situación nos permitió llegar juntos a la cima del Aconcagua y con ello soñar en cima más altas. Fue así como en ese mismo año, llegamos a la cima del Mount Whitney, montaña más alta de E.E.U.U. continental.
Un año después viajamos por primera vez a la Cordillera de los Himalayas en Nepal. En este lugar llegamos a la cima del Island Peack de 6,200 metros de altura sobre el nivel del mar, desde donde por primera vez apreciamos el Everest y fue así como nació el deseo de escalar siempre juntos las cimas de las montañas más altas del mundo.
Compromisos más allá del matrimonio
A siete años de matrimonio decidimos hacer del montañismo nuestro estilo de vida, “trabajar y prepararnos para convivir en las montañas”. Las experiencias que las montañas nos dejaban incrementaban el compromiso a nuestra relación de pareja, de equipo y con la vida misma. Por ello, decidimos apostar todo por nosotros y planeamos nuestro siguiente reto: llegar a la cima de la montaña más alta del mundo, el monte Everest.
Mauricio inició buscando toda información que le fuera posible sobre esta montaña, aspectos técnicos, de seguridad, equipo, costos, etcétera. Nos dimos cuenta que requería de una gran planeación y un alto costo. Al principio nos sorprendió la logística que debíamos desarrollar para alcanzar nuestro objetivo pero sobre todo y los miles de dólares que necesitábamos para realizarlo. La estrategia para reunir el dinero fue la búsqueda de patrocinadores. Por otra parte, para tener más oportunidades de llegar a la cima del Everest, escalaríamos previamente dos montañas de 8,000 metros de altura con la finalidad de ganar experiencia. Fue así como surge el Proyecto “Una Pareja en Ascenso.”
La primera montaña de más de ocho mil metros que decidimos escalar fue el CHO OYU de 8,201 metros de altura sobre el nivel del mar (msnm), considerada la sexta más alta del mundo. No fue fácil reunir los fondos necesarios y mucho menos el interés de los patrocinadores. Por ello, tuvimos que financiarla casi en su totalidad recurriendo a la venta de nuestro auto, playeras, computadora e incluso trabajar doble turno en nuestros respectivos trabajos. Al mismo tiempo que nos preparábamos física y técnicamente. Fue difícil llevar a cabo todo, sin embargo, valió la pena, porque el 24 de septiembre del 2000 logramos pisar su cima, nuestro primer ocho mil.
Llegar a la cima y seguir subiendo
Con la confianza del logro de Cho Oyu, continuamos con nuestra estrategia y nuevamente nos dimos a la tarea de realizar la logística necesaria para el segundo Ocho mil: SHISHA PANGMA de 8,046 msnm. Para esta montaña obtuvimos más ayuda económica de parte de patrocinadores. Desafortunadamente los sucesos del 11 de septiembre del 2001 también nos alcanzaron. Tuvimos retrasos en los vuelos lo que ocasionó llegar a la base de la montaña fuera de temporada. A pesar de nuestro intento por conseguir la cumbre, solamente alcanzamos la cota de 7,100 metros, renunciando a la montaña por las malas condiciones climatológicas que perduraban.
No hay fracasos hay lecciones
El revés en Shisha Pangma nos dejó un gran aprendizaje y nos llenó de fuerza para continuar con nuestro objetivo: el Everest. Convencidos de ello, en marzo del 2002 logramos reunir más de $40 mil dólares a través de patrocinadores, amigos y nuestra propia fuerza de trabajo. Nuestra preparación física y técnica también aumentó puesto que se trataba de la montaña más alta del mundo. El 17 de mayo del 2002 a las 11:00 horas Badía pisó la cima de esta montaña, Everest de 8,850 msnm. Mauricio quedó a tan sólo a 50 metros de la cima por padecer de congelaciones en las corneas debido a que lo realizó sin oxígeno por fallas en su aparato de oxígeno desde el campamento tres: 8,300 msnm.
Satisfechos con los resultados en Everest y con el mal recuerdo de Shisha Pangma en 2001, cuatro meses después regresamos a esta montaña a intentar su cumbre. Fue así que el 5 de octubre del 2002 alcanzamos su cima central: 8,012 msnm.
Analizando nuestros logros y reveses llegamos a la conclusión de que contábamos con la fuerza, entusiasmo y deseo de seguir escalando montañas de más de 8,000 metros de altura. De esta manera es como surge nuestro proyecto “Rumbo a las 14 cimas más altas del mundo.”

